Escuchando a Humberto Maturana hablar acerca del aprendizaje, no podía evitar vincular sus palabras con el proceso que estamos viviendo hoy en día a causa del distanciamiento social y su solución propuesta: las clases online y como estas restringen el contacto directo del profesor y sus estudiantes, como dificulta la posibilidad de establecer un diálogo.
En ese respecto, Maturana plantea que “la importancia del diálogo en el aprendizaje tiene que ver con alimentar la mirada reflexiva de la información. Los datos por si mismos no dan espacio a la reflexión”. Con esto no quiere decir que no seamos capaces de reflexionar por nosotros mismos cuando nos encontramos ante la información, sino que la reflexión tendrá siempre algún límite y que el diálogo, el planteamiento de un tema e intercambio de impresiones y conjeturas respecto a un concepto es lo que verdaderamente da paso a ideas nuevas y reflexiones mayores. Mi labor, como docente, debiese ser alimentar ese diálogo, estimularlo, anhelarlo; esperar que las dudas asalten a mis estudiantes y se vean necesitados de preguntar, aclarar y hasta cuestionar lo que se está estudiando, y desde esa intervención dar paso a la discusión que enriquece realmente el aprendizaje.
Pero la vivencia de las aulas virtuales, con demasiada frecuencia se transforma en un “verter información” por el método que sea (videoconferencias, papers, tareas, guías, videos grabados o informes), información que se puede memorizar pero que por sí misma no significa un aprendizaje. Esto responde perfectamente al paradigma de la “sociedad de la información” planteada por Yoneji Masuda y Manuel Castells: con el acceso a internet, consumismos mas y mas información, pero realmente no la digerimos, no llegamos a la “sociedad del conocimiento” como menciona Maturana.
Ahí es donde yo acabo preguntándome ¿Cómo genero yo, la discusión, el diálogo en este contexto? Es cierto que existen herramientas creadas en las plataformas virtuales con este fin: el Foro de discusión, pero lamentablemente el estudiante tiende a responder a ellos como si se tratase de una tarea más: cumplir con la respuesta exigida y luego dar por concluido el proceso, muchas veces ni siquiera leyendo la retroalimentación.
Pareciera haber un continuo desinterés por parte del educando; por allí leí el otro día la reflexión de un profesor bastante mayor respecto a una situación relacionada (los alumnos le hicieron una broma para boicotear la clase) quien planteaba que “la educación es el servicio mas extraño, la gente la paga y no la quiere recibir”. Yo me pregunto si los alumnos realmente -pensando en particular en la educación superior- no quieren recibirla, si realmente no tienen ningún interés. Es inevitable plantearse la pregunta, y si es que tiene una solución.
Ahí es cuando me acuerdo de mi profe de la universidad Marisol Jara, que hablando de educación para la salud, nos señalaba lo importante que es, que lo que yo estoy transmitiendo al otro tenga sentido para el en todas sus formas: que sea en un lenguaje asimilable, que esté segmentado de modo que sea digerible y por sobre todo, que yo como educador, sea capaz de relacionarlo con su experiencia vital: que sea significativo. ¡Ah! El famoso Aprendizaje Significativo; no es significativo un aprendizaje hasta que no rompe algo en nosotros, hasta que no tiene relación con nuestras vivencias, hasta que no nos hace sentir algo. Y es tremendamente coherente: me ha tocado vivir la docencia “online” dictando un ramo de cuidados pediátricos básicos y, ¿Quiénes son los que mas participan a pesar de las dificultades que supone esta modalidad? Quienes tienen hijos, por supuesto.
Puede que nuestra pega como profes en este momento entonces, sea por sobre todo generar discusión, diálogo, intercambio. Exponer los temas vinculados con la cotidianidad, y tal vez ni siquiera sea necesario exponer: la información está disponible en todas partes y no hace falta siempre que la mastiquemos y pre digeramos antes de entregárselas: basta a veces con señalar las fuentes adecuadas y después opinar, cuestionar, preguntar. La metodología naturalmente va a variar según la naturaleza de la materia en cuestión y también el numero de estudiantes: cuando son demasiados (mas de 10), resulta imposible una discusión razonablemente productiva por videoconferencia (¡Imagínate con mis cursos de 30 y tantos!), pero en esas instancias, quizá en vez de un foro, optar por chat como tal o un foro sincrónico.
Va a
seguir siendo difícil que todos participen, vamos a seguir teniendo estudiantes
con poco interés, pero mas allá de la metodología, de la forma, quizá tomar
conciencia cual es el verdadero norte que debemos tener en el proceso de
enseñanza: lograr el diálogo, la discusión y el cuestionamiento, alimentar la
mirada reflexiva y hallar la forma de comunicarnos con nuestros estudiantes mas
que simplemente “traspasarles conocimientos”.

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